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05-10-2017 - OPINIÓN
UCR: El límite que no debieron traspasar

Por Enrique Minervino.

Históricamente el radicalismo (al igual que el peronismo) tuvo dentro de sus filas distintos sectores o “alas” que impusieron sus visiones del mundo en los momentos en los que les tocó conducir el partido y eventualmente gobernar. Así el radicalismo tuvo en Yrigoyen y Alfonsín sus vertientes más progresistas que llevaron adelante gobiernos con una clara orientación nacional y popular. Mientras que con Alvear y la moderada “Línea Nacional” de Ricardo Balbín, tuvo su costado más “conservador”.
A pesar de estas diferencias, las dos líneas internas de la UCR, siempre coincidieron en algunos aspectos claves que constituyen la esencia misma de los principios radicales: el respeto por la ética pública, las libertades individuales, y la defensa de las instituciones. Independientemente de quien estuviera circunstancialmente en la conducción del partido, la UCR tuvo siempre una clara postura en defensa de estos preceptos y de los derechos humanos en general.
Lamentablemente, hoy no podemos decir que el radicalismo de la mano de dirigentes como Gerardo Morales, Ernesto Sanz y Mario Negri entre otros, se mantenga en la misma línea, respetando esa tradición histórica. El radicalismo de Cambiemos, no solo es cómplice de un proyecto conservador y neoliberal, sino que sus dirigentes han ido más allá, desde el momento en que traspasaron todos los límites de los principios radicales, cuando se constituyeron en cómplices del gobierno de Macri en el tema de la desaparición forzada de Santiago Maldonado. Con su silencio avalan la política represiva que está llevando adelante el gobierno del que forman parte.
Vemos con estupor que el radicalismo que hoy es furgón de cola del proyecto conservador de Cambiemos, tiró por la borda los 130 años de historia del partido. Sus actuales dirigentes le dijeron “chau” a toda una tradición de un partido que tenía una identidad bien definida en defensa de los derechos humanos y la institucionalidad. Por si alguien no lo recuerda, Alfonsín fue uno de los fundadores de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) allá por 1975, cuando las libertades individuales empezaron a correr riesgos serios durante el lopezrreguismo, en el gobierno de Isabel.
Ya durante su gobierno, Alfonsín fundó la CONADEP, una comisión integrada por figuras notables de distintos sectores de la vida nacional, para recibir las denuncias de quienes habían sido víctimas del accionar represivo de las fuerzas Armadas. En 1985 puso en el banquillo de los acusados a los jefes militares, principales responsables de los crímenes de lesa humanidad que se habían cometido durante la dictadura, en lo que fue un juicio sin precedentes en el mundo, dando un claro ejemplo de coraje cívico y justicia.
En un rumbo contrario y violando la tradición radical de defensa de las libertades individuales, el actual gobernador de Jujuy Gerardo Morales, tiene en su provincia a la dirigente social Milagro Sala presa, sin juicio previo ni sentencia. Esto constituye una aberración jurídica difícil de admitir, por lo cual la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) se pronunció públicamente, calificando de “arbitraria” esta detención y pidiendo su liberación inmediata. Por toda respuesta, Morales solo atinó a decir que los miembros de la CIDH son “unos burócratas que viven en Washington”. El gobernador debería saber que en 1979, en plena dictadura, muchos radicales se jugaron la vida, y denunciaron ante esta misma Comisión, la existencia de torturas y campos de concentración durante ese periodo nefasto. Y no es casualidad que los desaparecidos que tuvo el radicalismo fueron quienes defendieron los derechos humanos como Sergio Karakachoff y Mario Abel Amaya entre otros. Gerardo Morales insulta sus memorias con sus actitudes y declaraciones.
El actual dirigente del Movimiento Alfonsinista y candidato a Diputado Nacional por Unidad Ciudadana, Leopoldo Moreau se manifestó respecto de sus antiguos correligionarios: “Los dirigentes radicales escudados en la sigla, han traspasado todos los limites cuando avalan lo que pasó con Santiago Maldonado. No solo avalan el ajuste económico que es brutal, sino también la represión política y el revanchismo. Y tienen el agravante que hay límites que no se pueden trasponer. Por ejemplo, el caso de la desaparición forzada de Santiago Maldonado, del cual el gobierno del que forman parte, es responsable. Cuando se traspasan esos límites, se vulneran los principios radicales. Y no puede haber un dirigente radical en un gobierno que ha traspuesto el límite que significa para un Estado de derecho, para la democracia, la existencia de un detenido desaparecido”. Una excelente descripción de un ex dirigente radical que dedicó casi 50 años de su vida a la militancia en el partido centenario, del cual hoy no forma parte por no coincidir con estas actitudes de los dirigentes actuales. Moreau siempre dice que “se fue del radicalismo para seguir siendo radical”. Toda una definición de quien aun estando fuera del partido conserva su identidad yrigoyenista y alfonsinista. Algo que no pueden decir los Sanz, los Morales y los Negri que a pesar de estar dentro de la UCR, se ubican claramente en las antípodas ideológicas del radicalismo, defendiendo un proyecto conservador y neoliberal y avalando el sistema represivo montado por el macrismo.
Estos dirigentes radicales fueron muy lejos. Traspasaron un límite impensado para un partido que fue ejemplo en la defensa de la libertad y la democracia. Y tiraron a la basura 130 años de historia del radicalismo. Destruyeron su esencia. Algo que Alem, Yrigoyen, Illia y Alfonsín, no les hubieran perdonado jamás.
Enrique Minervino







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