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25-10-2018 - OPINIÓN
Las internas de la nada

Por Enrique Minervino.

El domingo 28 de octubre hay elecciones internas en la Unión Cívica Radical. Podríamos preguntarnos qué representa esta contienda en 2018, cuando el partido forma parte de la alianza de derecha que hoy gobierna nuestro país. Históricamente las internas radicales definieron que perfil adoptaría el partido ante los distintos procesos políticos. Y ese perfil no fue en general una cuestión de matices si no que se trataba del rumbo que tomaría el partido en cada una de estas circunstancias, ya sea abrazar la tradición nacional y popular que le dió origen a fines del siglo XIX o convertirse en un partido conservador más del sistema. Esta dicotomía fue la que siempre representaron las distintas alas del radicalismo, es decir que siempre hubo un sector progresista, y otro conservador, y fue cuando se impuso el primero de ellos, cuando el radicalismo se convirtió en una herramienta formidable de transformación de la realidad.

GOBIERNO DE HIPÓLITO YRIGOYEN
Ya durante la primera etapa del radicalismo como gobierno de la Argentina, se comenzaron a delinear estas posiciones contrapuestas entre Hipólito Yrigoyen y Marcelo T. de Alvear. El yrigoyenismo impulsó una serie de políticas de neto corte nacionalista y transformador, como la creación de YPF, el fortalecimiento de la red pública de ferrocarriles, la Reforma Universitaria y la autonomía frente a las grandes potencias del mundo. En materia laboral impulsó algunas leyes obreras como la jornada de 8 horas ¡nada menos!
En contraposición, el gobierno de Marcelo T. de Alvear, atenuó y revirtió estas políticas de transformación, como sucedió con la Reforma Universitaria, la política ferroviaria y la política exterior. Es decir que hubo una tradición claramente nacional, popular y progresista manifestada en el yrigoyenismo y otra marcadamente conservadora en el alvearismo.
El radicalismo durante el gobierno de Perón
Durante el gobierno peronista también aparecen diferencias entre los dirigentes del radicalismo respecto de la actitud a seguir frente al nuevo régimen gobernante. Los alvearistas como no podía ser de otra manera, rechazaron de plano cualquier acercamiento con Perón y reivindicaron a la conservadora Unión Democrática. Sin embargo otros dirigentes radicales como John Wiliian Cooke y Hortensio Quijano vieron en Perón la continuidad de la tradición nacional y popular de Hipólito Yrigoyen y constituyeron la UCR Junta Renovadora que apoyó a Perón. Mientras tanto los jóvenes dela agrupación radical Forja disolvieron este nucleamiento y se convirtieron en activos militantes del peronismo. Es el caso de Arturo Jauretche entre otros. Las diferencias internas no son meramente de nombres, sino de posiciones políticas sustanciales, que definen donde se ubica finalmente un partido político.

RENOVACIÓN Y CAMBIO
En 1972 surge el Movimiento de Renovación y Cambio con el propósito de recuperar los principios doctrinarios del yrigoyenismo y su tradición nacional y popular. Quien lideró este sector fue nada más y nada menos que Raúl Alfonsín, que enfrentó y fue derrotado en las elecciones internas de aquel año por el sector más moderado y conservador del partido, comandado por Ricardo Balbín. La diferencia entre ambas líneas se profundizó durante la dictadura de 1976, por las actitudes que cada uno de estos sectores asumieron frente a ella. Mientras Balbín fue complaciente con los militares del Proceso, Raúl Alfonsín y el MRC tuvieron una posición fuertemente crítica con el gobierno de facto.
Varios dirigentes de esta línea interna fueron víctimas además de la represión, como Sergio Karakachoff, y Mario Abel Amaya, secuestrados y asesinados. Alfonsín por su parte fue cofundador de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos que desempeñó un importante papel durante el régimen militar en defensa de los derechos humanos.
En 1982 cuando se produce la absurda guerra de Malvinas, el MRC, al contrario de los dirigentes de Línea Nacional, y de la gran mayoría de las fuerzas políticas, mantuvo una posición totalmente contraria a la guerra.
Las elecciones internas de ese año para definir los candidatos para las elecciones nacionales de 1983, determinaron el triunfo esta vez del Movimiento de Renovación y Cambio sobre la conservadora Línea Nacional y así Raúl Alfonsín fue el candidato del radicalismo y posteriormente Presidente de la Nación.

LA UCR DE CAMBIEMOS
En los distintos procesos históricos las diferencias entre los sectores internos de la UCR fueron evidentemente importantes, y definían el rumbo que tenía que seguir el partido ante los procesos políticos que enfrentaban. Se trató siempre de diferencias sustanciales que desde los tiempos de Yrigoyen se manifestaron entre quienes querían consolidar la tradición nacional y popular del partido, y quienes quisieron convertir al radicalismo en un partido burocrático más al servicio de la derecha y el conservadorismo de nuestro país.
Hoy la conducción de la UCR no tiene dudas. El Comité Nacional a cargo de Cornejo y Storani se encarga de recordárnoslo en las redes sociales “Ratificamos nuestra pertenencia a Cambiemos como fuerza política llegada a transformar y garantizar el cambio para el progreso del país.” Y ser parte de Cambiemos significa que de las dos tendencias históricas que siempre se manifestaron en el radicalismo, hoy es evidente que ha triunfado el ala conservadora del partido. Que forme parte del bloque de poder conservador que gobierna y saquea a la Argentina, pinta de cuerpo entero a un partido que supo ser durante el yrigoyenismo y el alfonsinismo expresión de las grandes mayorías populares.
Las internas del domingo 28 no definen absolutamente nada. Solo cumplen la función de posicionar dirigentes, y dirimir cuestiones personales. Nada más. Porque la UCR permanece dentro de Cambiemos siendo cómplice de las políticas neoliberales de ajuste que lleva adelante el gobierno, de la represión, del recorte presupuestario a la educación, a la ciencia, a la salud y a los programas sociales, de la prisión ilegal a Milagro Sala y a los más de 30 presos políticos, de la censura a los periodistas críticos, de la caída de los salarios y la baja de jubilaciones, de la timba financiera y la fuga de capitales, de la inflación descontrolada, y del hambre y la miseria que estas políticas provocan. Hoy el radicalismo es eso. Cómplice de uno de los peores gobiernos de la historia por su corrupción, el desastre económico que están provocando y la violación permanente del estado de derecho en la que incurren.
Lejos de este radicalismo de Cambiemos quedó la tradición nacional y popular que Yrigoyen y Alfonsín supieron defender hasta el último aliento de su vida. Por eso estas elecciones internas no definen absolutamente nada. Solo sirven para que algunos dirigentes logren un posicionamiento para conseguir algún mísero cargo en la estructura de poder de Cambiemos y nada más. Porque son las internas de la nada.







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