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07-06-2019 - OPINIÓN
“Ya fue”



Por Enrique Minervino.

La Convención Nacional de la UCR realizada en Parque Norte el lunes 27 de mayo, perdió la gran oportunidad de enmendar el error de Gualeguaychú de 2015, que fue el de haber constituido el frente Cambiemos. Los radicales finalmente decidieron continuar dentro de ese espacio junto al PRO y la Coalición Cívica, a pesar de las tantas especulaciones previas respecto de una posible ruptura con la alianza gobernante por parte de algunos dirigentes “díscolos”. Sin embargo, si comparamos la diferencia de votos a favor de seguir en Cambiemos que hubo en la actual Convención, vemos que la misma es el doble de la que hubo en la Convención de Gualeguaychú. Es decir que a pesar de las protestas, hoy existen más radicales que prefieren seguir ubicándose en la derecha junto al PRO.
El Presidente del Comité Nacional de la UCR, el mendocino Alfredo Cornejo expresó lo que fue la síntesis del cónclave: “Más Cambiemos y menos Pro en el gobierno”. Esta decisión quedó plasmada en el documento aprobado por el organismo, en el cual se dispuso ratificar el acuerdo de 2015. Solo que se propone “fortalecerlo, reformularlo y ampliarlo”. Para ello los radicales constituirán una “Comisión de Acción Política”, encargada de cumplir este objetivo.
Es decir que de todo lo que habíamos escuchado sobre el posible rompimiento de Cambiemos por el alejamiento de la UCR supuestamente desconforme con las políticas del gobierno, finalmente nada de ello sucedió. Las críticas grandilocuentes de Cornejo antes de la Convención y su “amenaza” de romper Cambiemos, terminaron con la ratificación de la pertenencia a la misma y con el simple pedido de ensancharla. Y por supuesto con el eterno reclamo del radicalismo de tener mayor participación en las decisiones. Nada más.
La UCR resolvió así seguir formando parte de un gobierno en el cual son actores de segunda, y en el que no toman decisiones, que si toman el Pro y las corporaciones mediática y judicial asociadas al gobierno. Muchas de estas decisiones están reñidas con el estado de derecho y la institucionalidad, que fueron literalmente vulnerados por el gobierno de Macri. Sin embargo ante estos atropellos, asistimos al silencio y a la complicidad de la UCR, que supo ser un partido que históricamente se destacó por la defensa de las instituciones. Hoy forman parte de un gobierno que las destruye.
Al continuar en Cambiemos, los radicales decidieron además, seguir siendo cómplices del empobrecimiento de los argentinos, del saqueo a los jubilados, de la baja de los salarios, del endeudamiento a 100 años, de la entrega al FMI, de la fuga masiva de capitales, de la represión que mató a Rafael Nahuel y Santiago Maldonado, del aliento al “gatillo fácil” que todos los días produce nuevos muertos, del atropello a la Justicia, de la asociación ilícita integrada por sectores del gobierno y las corporaciones mediática y judicial, de la persecución a políticos opositores, de la inflación descontrolada, de la desocupación que se duplicó en 3 años, de la destrucción de la industria, del cierre de 10 mil Pymes y 28 mil kioscos, de los tarifazos y de los constantes aumentos de los combustibles, etc. La UCR prefirió seguir acompañando este desastre en vez de empezar a reivindicarse con la sociedad y de reencontrarse con los principios y postulados de Alem, Yrigoyen y Alfonsín.
Los radicales perdieron la identidad histórica, nacional, popular y democrática que caracterizaba al partido. Hoy en día priman en ellos otros elementos que anteponen a toda reivindicación de aquella tradición nacional y popular. Uno de ellos es el odio y el revanchismo que profesan, expresados en el antiperonismo histórico de muchos de sus militantes y en un antikirchnerismo feroz y sin sentido. El otro es un mal que los afecta, y que Leopoldo Moreau definió acertadamente como el “carguismo” que “pusieron por encima de la defensa de los principios y valores”, tal como lo describió el ex dirigente radical y actual Diputado Nacional por Unidad Ciudadana.
Lejos de este radicalismo de Cambiemos quedó la tradición nacional y popular que Yrigoyen y Alfonsín supieron defender hasta el último aliento de sus vidas. Porque los radicales de hoy decidieron sepultar los principios básicos fundacionales que le dieron origen al centenario partido, en los que muchos creímos y por los que nos convertimos en fervorosos militantes. La UCR ya no es “la causa contra el régimen” como lo soñó Leandro Alem. Hoy es el régimen; ya no defiende la institucionalidad y el estado de derecho como siempre lo hizo; hay avala su destrucción. La Convención de Parque Norte fue la consumación de la traición de una Unión Cívica Radical que arrió sus banderas históricas y que selló su alejamiento definitivo de las mayorías populares. Muy lejos quedó aquel partido que fue la esperanza de muchos de nosotros en 1983. Por eso, la UCR ya fue.







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