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28-06-2019 - OPINIÓN
Pichetto y la operación impunidad

Por Enrique Minervino.

La verdadera razón de la designación de Miguel Ángel Pichetto como candidato a vicepresidente en la fórmula de Macri, no es solo “ampliar la base de Cambiemos”, como dicen a coro todos los integrantes de esa fuerza política. Su designación tiene que ver con asegurar la impunidad de los funcionarios del Gobierno y de la Justicia, involucrados en la causa de espionaje ilegal y extorsión que tiene a su cargo el juez Ramos Padilla.
Esta causa es el principal problema que desvela al Gobierno de Cambiemos, ya que puso al descubierto la asociación ilícita conformada por fiscales, jueces, el Grupo Clarín, algunos funcionarios y legisladores de Cambiemos y los servicios de inteligencia. El juez Alejo Ramos Padilla se comprometió de lleno con ella y, desde hace unos meses, está llevando adelante una investigación que día a día tiene más aristas, abre más ventanas y compromete cada vez a más miembros del Gobierno.
Se trata, sin dudas, del proceso más importante de la Argentina en los últimos años, porque pone al desnudo el entramado mafioso que conforman un sector del Poder Judicial, los medios dominantes y la derecha política argentina, encarnada en el Gobierno de Cambiemos. Esta verdadera asociación ilícita, constituida para extorsionar, armar causas y perseguir a políticos opositores, es la prueba contundente de que estamos ante un Gobierno mafioso, al que no le interesa la Republica ni el estado de derecho, al que vulnera permanentemente. Por medio de este mecanismo extorsivo y delincuencial, la derecha argentina quiere eliminar a sus adversarios políticos para mantenerse en el poder y seguir gobernando para unos pocos, en desmedro de la gran mayoría del pueblo argentino.
Quien maneja los hilos de estas operaciones, el verdadero ideólogo y titiritero que no forma parte directamente de esta asociación, pero es quien dispone este tipo de accionar en todos los países del continente, es Estados Unidos, a través de su Embajada. El gran imperio del norte necesita que continúen estos Gobiernos cipayos de derecha en Sudamérica, para concretar la segunda colonización del territorio. La investigación de Ramos Padilla se constituye en un obstáculo contra este entramado, ya que, día a día, aparecen nuevas pruebas sobre el accionar delictivo de esta banda que involucra al fiscal del PRO, Carlos Stornelli, íntimo amigo del Presidente; y al juez Bonadío, que es el miembro de la Justicia encargado de llevar adelante todas las causas contra Cristina Fernández. Ramos Padilla es, sin dudas, una piedra en el zapato para que se pueda llevar adelante el “lawfare” o la guerra jurídica, a la que nos referimos en la columna del viernes anterior, en la que está embarcado el Gobierno junto a la Justicia y el Grupo Clarín para eliminar al adversario político.
La designación de Pichetto, que integró hasta ayer el Consejo de la Magistratura, órgano constitucional encargado de proponer jueces para su designación, controlar su actividad y sancionarlos, entre otras funciones, tenía como objetivo cargarse a Ramos Padilla (que hoy por hoy es una pesadilla para el Gobierno) y así poder salvar al amigo del Presidente, declarado en rebeldía por el juez, el fiscal Stornelli, y reavivar la causa de los cuadernos.
El cargo en el Consejo de la Magistratura era la clave de la estrategia urdida por el Gobierno junto a Pichetto. Este organismo está integrado por 13 miembros, de los cuales 6 son cargos políticos, 3 diputados y 3 senadores nacionales. Dos acceden por la mayoría y uno por la minoría. Pichetto accedió a su cargo por la minoría, que, en ese momento, era el Partido Justicialista, por lo cual ese lugar no le corresponde a él, sino al partido. Pero en sintonía con el Gobierno del cual ya forma parte, porque ya concurre a las reuniones de gabinete, dijo la semana pasada que no iba a dejar su lugar de con las siguientes palabras: “Lo voy a seguir ocupando, porque tiene que ver con mi perfil de senador, y durante este año voy a seguir siendo representante del Consejo de la Magistratura”. Porque es desde ese lugar donde pensaba dar la batalla contra el juez Ramos Padilla, al que Cambiemos quiere “borrar”, como ya lo hizo con otros jueces que fallaron en contra de sus intereses. Y encontró en Pichetto el aliado perfecto para hacerlo. Esa es la verdadera razón de su elección. La presión de sus ex compañeros de bloque y del Partido Justicialista lo obligaron a presentar la renuncia a ese organismo.
Pichetto es un cuadro político consuetudinario de la derecha argentina. Y con su candidatura a vicepresidente, junto a Macri, no hizo más que ubicarse donde se siente más cómodo para expresar sus ideas y llevarlas a la práctica si le fuera posible. La derecha neoliberal siempre apoyó y colocó en las listas de los partidos a sus candidatos, que expresan el interés de las corporaciones. Eso ya lo tienen asegurado con Macri. Ahora recurrieron a quien les puede garantizar la impunidad, para cargarse al juez Ramos Padilla. Pusieron a un estilete que tratará de cumplir esa función, y que, además, está en sintonía perfecta con la “bolsonarización” de la región, porque Pichetto es una de las máximas expresiones políticas de la xenofobia, el racismo y la misoginia, aspectos que el senador siempre remarca en sus declaraciones.
Con Miguel Ángel Pichetto se aseguran seguir dando esa batalla, destituir el obstáculo “Ramos Padilla”, seguir las órdenes de la Embajada de Estados Unidos y continuar la guerra jurídica contra los opositores. Según la opinión de gente que lo conoce muy bien, su papel en el Senado distaba de ser opositor al Gobierno de Cambiemos. El diputado formoseño, Luis Basterra, expresó que el eterno gobernador Gildo Insfrán “le puso los límites a Pichetto en numerosas oportunidades en el Senado de la nación”, porque, según sus palabras, “operaba para Macri”. Siguió diciendo el diputado: “Y ahora quedó de manifiesto que nuestro gobernador no estaba equivocado. Insfrán lo hacía desde la comprensión de lo que es el peronismo y, cuando Pichetto intentaba sobrepasar los límites del peronismo, le ponía los puntos”. Y concluyó: “Evidentemente, Pichetto quería sobrepasar los límites del peronismo, porque él ha sido un agente de la derecha, por lo visto y por lo que él mismo expresa”. Nada hace falta agregar.

Por Enrique Minervino.







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