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08-08-2019 - OPINIÓN
No es Sarasa



Por Enrique Minervino.


Los dirigentes de Cambiemos, sus adherentes, el coro de periodistas oficialistas y muchos que dicen no “estar ni en un lado ni en el otro”, coinciden en caracterizar al Gobierno anterior como una administración corrupta, en la que Cristina Fernández era la maligna jefa de la banda. Los acusadores hasta se atrevieron a ponerle cifra al “choreo”, diciendo que la ex Presidenta se había robado “un PBI”.
Insatisfechos, algunos agrandaron la cifra, asegurando que no había sido uno, sino dos. Eso sí, consultados acerca de lo que es el PBI, nadie lo sabe.
La frase que un día dijo el arrepentido y testigo protegido, Leonardo Fariña, “Cristina se robó un PBI”, quedó como un mantra sagrado que algunos repiten sin hacer el más mínimo análisis de la tontera que están diciendo. Por ésta y otras mentiras que el reo dijo para inculpar a Cristina, recibe del ministerio de Seguridad de Patricia Bullrich una mensualidad de $200.000 y la obra social más cara de la Argentina: OSDE. Y para declarar lo que declaró, el delincuente del “talento superior”, como definió el fiscal extorsionador del PRO, Carlos Stornelli, a Fariña, fue debidamente entrenado o “coacheado”, como se dice por estos tiempos, por el ministro de Justicia, German Garavano. Increíblemente, por estos dichos está siendo juzgada Cristina Fernández.
La participación del Gobierno cambiemita en la preparación de testigos a sueldo, nos indica la presencia de una gran corrupción estructural, en el cual los funcionarios son partícipes necesarios de este desquicio jurídico, junto a jueces adictos y medios cómplices que completan y cierran el círculo. Así pueden llevar a cabo estas tropelías judiciales para inculpar a políticos opositores, pergeñadas desde el Gobierno de Cambiemos a través de su “Mesa Judicial”, integrada por el ministro Germán Garavano y otros funcionarios.
Esta corrupción estructural del Gobierno, que inventa causas para perseguir a políticos opositores, también tiene su pata económica en el plan de negocios que el Gobierno de Cambiemos vino a hacer una vez instalado en el poder. Aquí describiremos algunos hechos de corrupción que tienen que ver solamente con el presidente Mauricio Macri en su doble condición de jefe de Estado y empresario, es decir, alguien que actúa de los dos lados del mostrador. Hay muchos más casos que involucran a funcionarios del Gobierno, pero nos centraremos en la figura del Presidente.
Podemos empezar por el fraude que el grupo Macri cometió al Estado argentino por no pagar, durante más de diez años, el canon por la concesión del Correo Argentino, lo que originó una deuda de $70.000 millones. Macri, desde el Gobierno, quiso condonarse esa deuda, utilizando descaradamente el poder político en su propio beneficio y sumando, así, otro hecho de corrupción al delito original de no pagarle al Estado.
Otro de los actos de megacorrupción es el tremendo negociado que, desde el poder, el Presidente realizó con la compra y posterior reventa de seis parques eólicos, con lo cual el grupo Macri se hizo, de un plumazo, de más de 48 millones de dólares. Para concretar esto, la empresa “Sideco”, propiedad de los Macri, creó cuatro nuevas empresas que adquirieron esos parques ubicados en Chubut y Miramar, y seis meses más tarde los revendieron, obteniendo esa fabulosa ganancia para la familia presidencial. En el medio hubo medidas del Gobierno en beneficio de este tipo de energías renovables, para favorecer la venta, claro.
El tema de los peajes es otro ítem que podemos incorporar a la larga lista de actos de corrupción con los cuales la familia presidencial contradice el famoso dicho “porque es rico no va a robar”. La delincuencial voracidad del Presidente hizo que el Gobierno de Macri le pagara a “Ausol”, la empresa de peaje de los Macri, 500 millones de dólares por una denuncia que el mismo Macri había hecho días antes de asumir como Presidente, ante el Banco Mundial, por un supuesto atraso tarifario. Esto no era verdad, no había ningún atraso, la empresa era súper rentable, con lo cual el millonario pago fue un verdadero fraude, otro más, al Estado argentino.
La lista sigue sin solución de continuidad porque hay otros casos, como el de la increíble venta de la línea aérea de los Macri, “Macair” a “Avianca”, sostenida por una futura concesión de rutas aéreas; o el caso de los Panama Papers, otro verdadero escándalo sobre el cual la UFI, organismo alineado con el Gobierno, consideró que no había delito de lavado de dinero como ocurre siempre en estos casos de existencia de cuentas off shore.
Todos tienen en común la presencia del Presidente de los dos lados del mostrador. Mauricio Macri utiliza el cargo de Presidente que la ciudadanía le concedió a través del voto para beneficiar a sus empresas y, por ende, a sí mismo. Cuando afirmamos que es el Presidente más corrupto de la historia, no sólo reproducimos lo que en algún momento dijo la cadena norteamericana CBS, sino que lo decimos por los hechos descriptos en esta nota y que son reales, como le gusta decir a Macri cuando inaugura algún tramo de ruta.
La ex presidenta Cristina Fernández, hace tres años y medio que dejó su cargo y estuvo los dos primeros sin fueros. Desde el mismo momento que se fue del poder soporta el acoso judicial a partir de causas armadas y sin sentido, basadas en testimonios inventados de testigos protegidos pagados (muy bien) y “coacheados” por el Gobierno cambiemita para inculparla. Hasta ahora, no se la ha encontrado culpable de nada, sencillamente porque no lo es. El presidente Macri es protagonista directo de los casos mencionados, en los cuales actúa impunemente aprovechándose de su cargo presidencial para beneficiar a sus empresas y jamás pensar en el Estado argentino, o sea en el pueblo argentino. Recurriendo a su particular lenguaje cada vez que inaugura un tramo de uno o dos kilómetros de rutas, decimos claramente que “esto no es relato, esto no es Sarasa, es real”. Es la corrupción estructural del Gobierno de Macri.
Por Enrique Minervino.







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