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05-09-2019 - OPINIÓN
Juntos por el odio



Por Enrique Minervino.

La marcha del 24A, convocada por personalidades que apoyan a este gobierno, como Luis Brandoni y el cineasta Campanella, se realizó en distintos lugares del país, pero su foco principal estuvo en la Capital Federal, en la Plaza de Mayo. Con la consigna grabada por el actor de “La Patagonia Rebelde”: “Salgamos a las calles y a las plazas de todo el país para mostrar y mostrarnos que somos muchos, muchos más los que queremos un país republicano, democrático y decente… Perdimos la República muchas veces… Otra vez no”, el macrismo militante convocó a la manifestación para expresarle su apoyo al Presidente Macri.
La pregunta que me hago es la siguiente: ¿qué significa que son muchos más los que quieren un país republicano y democrático y decente? ¿Qué quienes votamos otra opción política no queremos la democracia, no queremos la República o no somos decentes? Y cuando dice que perdimos la República muchas veces, ¿a qué se refiere? ¿Qué va a venir un golpe de Estado? Estos dichos que parecen inocentes y hasta legítimos, no lo son en este contexto donde el gobierno perdió las elecciones a manos del principal frente opositor. Son profundamente agresivos y constituyen una profunda falta de respeto a quienes no adherimos al gobierno macrista, por considerarlo nefasto y corrupto. Pero eso no quiere decir que no queramos la República, la democracia y no defendamos la honestidad de los gobernantes. Solo la soberbia de quien se cree poseedor de la verdad produce declaraciones tan irritantes como estas. Porque detrás de esas palabras se esconde un profundo desprecio a la democracia y a la República que dicen defender.
El creer que solo si gana el macrismo se dará la garantía de la democracia. Y eso no solo es soberbia, sino también ignorancia. O bien Brandoni es otro de los intelectuales-artistas pagos por este gobierno, como Andahazi, Rozitchner o Campanella, que dicen lo que dicen por millones de razones. Y son palabras irrespetuosas, porque quienes adherimos a otras fuerzas políticas, no tenemos por qué soportar que alguien nos trate de antidemocráticos, antirrepublicanos o deshonestos, ya que, en definitiva, ése es el mensaje: nosotros somos los republicanos y decentes, ustedes no.
Pero que alguien que adhiere a este gobierno diga que defiende la democracia o la República, es lo más contradictorio que se pueda escuchar. En la Argentina de Cambiemos, el estado de derecho, fundamento de la República, sufre un deterioro propio de los peores momentos de nuestra historia. La persecución a los políticos y dirigentes sociales opositores, la censura a los periodistas críticos, los permanentes intentos de violación de las leyes y la Constitución por parte del gobierno y la invitación de la ministra de Seguridad a que los ciudadanos se armen, son elementos concretos que conspiran contra el estado de derecho y, por lo tanto, contra la República. Las bravuconadas de la diputada Elisa Carrió, tratando de “delincuentes” a los periodistas de C5N por el solo hecho de ser críticos de este gobierno, o diciendo que a ellos “los van a sacar muertos de Olivos”, entre otras barbaridades, son muestras de la intolerancia y la poca capacidad democrática que muestran los dirigentes de Cambiemos.
Y qué decir de la asociación ilícita integrada por miembros del gobierno, las diputadas Zuvic, Carrió y Oliveto; el fiscal Stornelli; el falso abogado D’Alessio; y periodistas del “Grupo Clarín”, como Daniel Santoro, que tiene como misión armar causas contra los opositores y extorsionar a empresarios para que nombren a Cristina en la causa de las fotocopias de los cuadernos. Una verdadera banda delictiva que conspira contra la República y la democracia que Brandoni y los militantes de Cambiemos dicen defender.
Respecto de la “decencia” que reclama el actor de las “tres empanadas”, también debería reclamársela al gobierno que, con tanto ahínco, apoya, que sin duda es el más corrupto de la historia. Siempre he expresado en esta columna que éste es un gobierno estructuralmente corrupto, a diferencia de otros que tuvieron funcionarios corruptos. Basta mencionar los casos del Correo Argentino; los Panama Papers; el negociado de los parques eólicos; la empresa de peaje Ausol, propiedad de los Macri, que se hizo pagar una indemnización absurda por el Estado; la irregular venta de la línea aérea de los Macri, Macair a Avianca, etc. Esto, sin mencionar los hechos delictivos que involucran a Macri los años anteriores a su llegada a la Presidencia (contrabando de autopartes, estafa con las cloacas de Morón, espionaje ilegal, etc.). Por lo tanto, el actor que interpretó al “Gallego” Soto en “La Patagonia Rebelde”, aquel español que vino a la Argentina y se convirtió en el secretario de la Sociedad Obrera de Río Gallegos, debería buscar y exigir a su gobierno esa decencia que tanto reclama.
La marcha por la República, la democracia y la decencia, fue la marcha del odio. Un odio de clase expresado, básicamente, contra el kirchnerismo y contra Cristina. Más que una marcha a “favor de”, fue una marcha en “contra de”. Los manifestantes expresaron su odio a través de las consignas que coparon la jornada, donde hubo insultos contra Cristina, contra el kirchnerismo y contra periodistas de C5N. Los dichos “Argentina sin Cristina”, “que no vuelva la yegua”, etc., no son las mejores muestras de gente que sale a defender la democracia. Son, más bien, muestras de la intolerancia propia de los autoritarios.
La mayoría de los manifestantes que salieron a apoyar a Macri, era gente mayor, adulta, en quienes uno supone que abriga la sabiduría, la templanza y el equilibrio. No ocurrió así con los simpatizantes cambiemitas, a quienes el odio y el desequilibrio emocional les ganaron el 24 de agosto. Pero, para ellos, los “fanáticos” somos quienes defendemos, con convicciones y argumentos, el proyecto político del gobierno anterior. Sin dudas confunden los conceptos y deberían repasar sus definiciones. La de los términos: República, a la que sistemáticamente debilitan cuando vulneran el estado de derecho, democracia, contra la que conspiran cuando no respetan la decisión del otro, y decencia, a la cual dicen representar mientras defienden al gobierno más corrupto de la historia.
También deberían revisar el concepto de fanatismo, actitud que le adjudican a los k, pero que, en la marcha del 24A, demostraron que es una conducta que ellos abrazan y ejecutan cuando expresan su odio e irracionalidad de manera desmedida contra sus adversarios políticos. No les hacen falta manifestaciones para defender la República y la democracia. Es necesario, sí, que sean democráticos y republicanos en serio. Y, por sobre todo, decentes.








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