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07-11-2019 - OPINIÓN
Festejemos y militemos



Por Enrique Minervino.

Las elecciones del 27 de octubre dejaron sensaciones encontradas. Por un lado, el saber que el campo popular ganó una elección que hace unos años atrás pensamos que sería imposible de ganar. Pero, por otro lado, a algunos les queda la sensación de que la diferencia fue exigua y se quedaron con sabor a poco. ¿Los 8 puntos son la verdadera diferencia? Para muchos fue mayor, pero la manipulación de los datos en el escrutinio provisorio por parte de la empresa contratada por Cambiemos, hizo que el resultado final se plantara allí. Con estos 40 puntos, Macri quedaría posicionado como líder de una oposición numéricamente considerable, a pesar de las desastrosas políticas desarrolladas en estos cuatro años.
Esto no nos tiene que hacer perder de vista la esencia de las cosas. El Frente de Todos ganó la elección tanto en la Nación como en la Provincia. Nada menos. El peor gobierno de la democracia argentina fue derrotado en las urnas por una coalición que representa a los distintos sectores del campo popular nucleados en torno al peronismo en sus distintas vertientes. Esto es lo primordial.
Según las cifras del escrutinio provisorio y haciendo números redondos, Juntos por el Cambio tuvo en estas elecciones 2.350.000 votos más que en las PASO, y el Frente de Todos sólo tuvo 260.000 más. Las demás fuerzas políticas vieron disminuido su caudal de votos en 1.000.000 y también disminuyeron los sufragios nulos y en blanco y votaron alrededor de 700.000 personas más. Los datos fríos del escrutinio nos dicen que de cada diez de estos votantes que cambiaron su voto, más los nuevos, nueve votaron a Macri, y sólo uno a Fernández. Entonces, ¿los casi 500.000 votos menos de Lavagna fueron todos a Macri? ¿Los 160.000 sufragios menos de la izquierda también? ¿Alguien lo puede creer así? Seguramente, los 400.000 votantes menos que tuvieron los dinosaurios Espert y Gómez Centurión sí fueron a Macri por afinidad ideológica que tienen con el actual gobierno. Y nos faltan agregar los 500.000 votos en blanco menos que hubo y los nuevos votantes que también habrían optado por Macri. El sentido común nos dice que esto no puede ser así y, por lo tanto, para muchos, hay “gato encerrado”.
Pero dejemos que el escrutinio definitivo diga la última palabra sobre los números finales, que quizás le den a Alberto algunos puntos más de diferencia, y dejemos atrás ese sabor amargo que quedó en algunos tras el triunfo del 27, que luego del resultado de las PASO todos creíamos que sería mucho más holgado. Disfrutemos de este triunfo que tuvimos frente a la experiencia neoliberal más feroz que azotó a nuestro país desde hace cuatro años, con aspiraciones de quedarse allí de por vida de la mano de Cambiemos. El triunfo que ya sabemos es de al menos 8%, es un triunfazo y es probable que termine con la carrera política de Macri, que ahora, según dicen, piensa regresar a Boca Juniors. Yo lo veo más paseando por los tribunales que en el cuadro de “La Ribera” o que mandando a Vidal y Larreta. Se verá.
Mientras tanto, nosotros debemos pensar que finalmente ganaron los que, con sus políticas, benefician y beneficiaron a todo el pueblo y no a una pequeñísima porción de la población, como lo hace el gobierno de Cambiemos. Debemos pensar que, desde ahora, le van a sacar el pie de encima a los trabajadores, a los jubilados, a los desocupados, algunos de los cuales tienen que sobrevivir con un plan social, y que, despectivamente, los fanáticos de Cambiemos llaman “planeros” o directamente “vagos”, y a los que, sin ningún pudor, el gobierno de Macri les sacó el plato de comida de la mesa y también la dignidad.
Tenemos que estar felices porque siempre estuvimos de este lado, del lado digno, del lado que había que estar. Del otro lado estaba la oscuridad del gobierno macrista. Y sabemos que, en la historia, muchas veces ganaron los que desean el beneficio para ellos solos, en desmedro del bien común. Por eso debemos festejar con todas las fuerzas este triunfo. Pero también debemos pensar a largo plazo. Hay una batalla cultural, en la que no podemos descuidarnos y que debemos afrontar, más allá de las contiendas electorales. Y esa batalla cultural se da todos los días, militando la verdad, hablando con todos, reflexionando con ellos, principalmente con los que piensan que está bien votar a un tipo que los hunde el pozo más profundo para beneficiar a unos pocos.
Macri ganó en el 2015 con 214 causas judiciales, un verdadero prontuario. Revalidó en el 2017 con el 42% de los votos, después de la megadevaluación, de la eliminación de retenciones, de los tarifazos y de tanta injusticia y de tanto maltrato a los opositores. Que, después de cuatro años, con la profundización de estas políticas, que tuvieron como consecuencia el cierre de más de 50.000 pymes, que llevaron la desocupación a casi el 12% y a la pérdida de más del 30% del poder adquisitivo de salarios y jubilaciones, sólo se explica por el papel que cumplieron los medios y las redes, que no son neutrales. Por el contrario, constituyen un factor importante para formar opinión. Muchos de los que creen que tienen opinión propia, en realidad es impuesta por el incansable accionar de estos medios. Y si ellos te dicen que la culpa de los problemas no la tiene el gobierno de Macri con sus políticas neoliberales de hambre, y en cambio la tienen los “planeros”, los vagos, los docentes, los jubilados, los científicos, y te lo machacan una y otra vez, te lo terminás creyendo. Te convencés y terminás odiando a las víctimas y no a los victimarios.
La respuesta a esto es la militancia diaria, que no solamente se da en los locales partidarios, sino militando la verdad día a día. Con el vecino, con los que están en ese 40%, la mayoría de los cuales se vieron perjudicados con el gobierno que votaron. No puede ser que tantos compatriotas hayan votado a quien los oprime. Porque Mauricio Macri es el que le pisa la cabeza al laburante, al jubilado, al que tiene un plan social, al que no está del lado de los exitosos y ganadores del modelo. Con ellos hay que conversar. No puede ser que si con una determinada fuerza política sólo se beneficia un 10% de la población, esta fuerza política sea votada por el 40%. Sólo se explica por la influencia mediática y de las redes sociales, que manipulan la voluntad de muchas personas.
Por ello debemos dar esa batalla cultural en el ambiente que nos toca desempeñarnos día a día. Militar la verdad, para que ese 30% que votó a quien lo oprime, a quien le pisa la cabeza, deje de hacerlo, y vote a quien lo defiende realmente.
Por Enrique Minervino.







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