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21-11-2019 - OPINIÓN
Se rompió el “Nunca más”



Por Enrique Minervino.


El “Nunca más”, que se hizo carne en toda la sociedad argentina luego de la última dictadura militar, por estos días parece haberse roto en un sector de ella. Lo que sucede en la hermana Nación de Bolivia, inexplicablemente ha dividido la opinión de los argentinos. Y lo que ha ocurrido en aquel país es un hecho concreto que algunos se niegan a llamarlo con su verdadero nombre. Golpe de Estado.
Este golpe que derrocó al presidente Evo Morales, es un hecho trágico que debe poner en alerta a todos los países de Sudamérica, ya que significa volver a prácticas que creíamos desterradas de la faz de nuestro continente, pero que, sin embargo, vimos azorados como eran recreadas en ese país. Las fuerzas policiales y militares bolivianas fueron protagonistas de un vergonzoso asalto al poder legítimamente constituido, que obligó a renunciar a Evo Morales y que, además, tenía como objetivo su asesinato.
Los golpes de Estado que se sucedieron en Latinoamérica en décadas pasadas, parecían haber quedado en el olvido, especialmente en nuestro país, que, desde 1983, se impuso como consigna indiscutible de la mayoría de los sectores políticos el “Nunca más” a las dictaduras. Solo algunos sectores radicalizados de la derecha reivindicaban esas prácticas, pero la gran mayoría de la sociedad coincidió en la absoluta condena a la intromisión de las Fuerzas Armadas en los procesos institucionales de los países.
Hoy, luego de trece años de gobierno de Evo Morales, las Fuerzas Armadas volvieron a las andadas en aquel país, con la complicidad de los civiles de la derecha boliviana, verdaderos impulsores de este golpe.
Al igual que en Argentina, la derecha no se bancó más al mejor gobierno que haya tenido Bolivia en su historia. Un gobierno que hizo que fuera uno de los pocos países de la región con un crecimiento sostenido de casi el 5% de su economía desde el 2006 a la fecha, y que hizo que el PBI tuviera un crecimiento anual del 4% en los últimos dos años, y que lo ubica al frente de los países de la región. La pobreza extrema, que orillaba el 40% antes de la asunción de Evo, bajó drásticamente durante su gestión, ubicándose en el 15% en el 2018; y la pobreza moderada bajó del 60% al 34% en el mismo período. Esto provocó también la caída sostenida de la brecha social, generándose una sociedad mucho más igualitaria.
El desempleo tiene en Bolivia el índice más bajo de la región, siendo solamente del 4%, a diferencia de cuando asumió Evo, que rondaba el 9%. Y la inflación de Bolivia es hoy una de las más bajas del continente, solamente del 1,7% anual, mientras que en el 2005 lo era del 6%. Para una simple comparación, el macrismo en Argentina recorrió el camino inverso en ambos aspectos. La desocupación que era del 5,4%, hoy es de casi el 12%. Y la inflación que era del 23% en el 2015, hoy está en el 55% anual.
Estos son algunos datos de la economía boliviana que muestran que el gobierno de Evo fue, sin duda, el mejor de la historia de aquel país. Por eso no se explica este presente, a no ser por la sed de venganza de la derecha, que vio afectados sus intereses y desató el feroz ataque a la democracia boliviana.
Las excusas de fraude fueron solo un pretexto para provocar este penoso acto de sedición que desalojó a Evo del poder y puso allí a una senadora de la oposición, sin ningún voto y rodeada de militares. Eso es un golpe de Estado, aun cuando no sea un militar el designado Presidente. Y respecto de las denuncias de fraude, claramente son una falsedad, ya que dos informes internacionales así lo demuestran y prueban, además de que la Organización de Estados Americanos hizo una vergonzosa manipulación en la evaluación del escrutinio, lo cual constituyó una burda operación que propició el golpe.
Mientras estas atrocidades institucionales ocurren en el país hermano, el gobierno de Macri justificó los procedimientos a través del canciller Faurie, quien, de manera vergonzosa, avaló todo lo actuado por las Fuerzas Armadas, negando que haya ocurrido un golpe de Estado, porque, según dice, solo fue “una sugerencia” de los militares a Evo Morales para que dejara la Presidencia. Se olvidó de decir que fue una sugerencia a punta de pistola. Y, aun no siendo así, y aunque se lo pidieran “amablemente”, estamos en presencia de una intromisión de las Fuerzas Armadas en el proceso democrático del país. Y eso es anticonstitucional. Eso se llama golpe de Estado.
Del mismo modo, el bloque de diputados nacionales de Cambiemos, se abstuvo de aprobar el pronunciamiento que la Cámara de Diputados realizó esta semana contra el derrocamiento de Evo y que fuera aprobado por los demás bloques. El proyecto de repudio al golpe había sido presentado por el Frente de Todos y logró la adhesión de todos los demás espacios políticos, menos el del bloque de Cambiemos. El radicalismo claudicante que integra Cambiemos, acompañó esta decisión, vendiendo el último jirón de dignidad que le quedaba al centenario partido. Facundo Suárez Lastra se atrevió, además, a equiparar las supuestas “irregularidades” de los comicios (que no fueron tales), con el golpe, y lo justificó desde allí. Como dijo Leopoldo Moreau en otro memorable discurso en la Cámara de Diputados, “la UCR rompió el pacto democrático” que se construyó en aquella recordada Semana Santa de 1987, cuando el carapintada Aldo Rico y sus secuaces intentaron tomar el poder y el gobierno de Alfonsín, junto con el apoyo y el acompañamiento ejemplar del peronismo, se lo impidieron.
Treinta y seis años después, a instancias de una alianza gobernante que demostró en varias oportunidades que no le importa la democracia ni el estado de derecho, al que vulnera permanentemente, estamos discutiendo algo que ya creíamos superado. Por responsabilidad de Cambiemos, aquel pacto democrático se quebró. Y aquella histórica consigna del “Nunca más” que el fiscal Strassera pronunció en el juicio impulsado por Alfonsín a las cúpulas militares, diciendo que “no me pertenece porque pertenece a todo el pueblo argentino” y que parecía un sello indeleble de la sociedad argentina, hoy ya no forma parte toda la sociedad. Un sector parece haberla olvidado. O será que, para Cambiemos, como las elecciones de agosto, el “Nunca más” no existió.
Por Enrique Minervino.







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