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27-09-2018 - OPINIÓN
“La Cámpora, don Raúl y los radicales”

Por Enrique Minervino.

Días atrás tuve la oportunidad de leer unas declaraciones de un dirigente radical de Cambiemos sobre “La Cámpora” que me llevaron a escribir esta nota a modo de respuesta. Que lo haya dicho en medio de una polémica con una dirigente de esa agrupación, es una anécdota, ya que lo importante es destacar la idea de fondo que esas expresiones contienen, y su falta de acercamiento a la verdad. Tampoco importa demasiado el nombre del dirigente de marras, ya que es un reflejo cabal de todo el pensamiento radical enrolado en esa alianza de derecha que hoy gobierna nuestro país.
El dirigente empieza diciendo que La Cámpora es una agrupación “ultrakirchnerista”. Cuando se emplea este adjetivo, se lo hace con la clara intención de “devaluar” no solo a La Cámpora, sino a cualquiera que adhiera al gobierno anterior. La expresión “ultrak” es utilizada por los periodistas del establishment macrista con el propósito de hacer pasar como fanáticos y por lo tanto irracionales a los partidarios del gobierno kirchnerista. La derecha de la cual forman parte hoy los radicales, mata, aplica planes de ajuste y hambre, deja al desamparo a los jubilados, corre a los científicos, destruye la educación y la salud, entre otras tantas tropelías, pero eso sí, los “fanáticos” son los “k” y ellos son los “racionales”. Rara adjudicación de calificativos de parte de algunos.
El caso de La Cámpora es paradigmático. Es una agrupación que nació en 2006 y tuvo la capacidad de incorporar a jóvenes que se comprometieron y se enamoraron del modelo de inclusión y justicia social que se llevó adelante durante los 12 años de gobierno kirchnerista. Miles de jóvenes de todo el país militan en sus filas entregando su tiempo en favor de un proyecto político que hizo que el salario y la jubilación de nuestro país sean los más altos de Latinoamérica, que hizo que nuestro país sea uno de los más desendeudados, que hizo que casi el 100% de las personas en edad de jubilarse tengan su cobertura jubilatoria, que hizo que se pusieran en órbita en el espacio dos satélites construidos por nuestros científicos, que hayamos tenido el maravilloso Plan Conectar Igualdad, ejemplo en el mundo, que se haya destinado el presupuesto más alto de la historia a la educación, que construyó 14 universidades y más de 2000 establecimientos educativos, que reconoció derechos a la población como pocas veces había ocurrido en la historia argentina, y tantas otras cosas que sería muy largo enumerar. De todo eso se enamoraron los jóvenes militantes de la Cámpora. Ese hermoso colectivo juvenil que el radicalismo no ha logrado reunir nunca más desde los tiempos de fundación del Movimiento de Renovación y Cambio allá por 1972 y en la década del 80 cuando Alfonsín era el candidato y luego el Presidente de los argentinos.
También este dirigente radical expresa que en La Cámpora hay “militantes rentados”. Nada más inexacto. Los miles de sus integrantes, lejos están de ser rentados. Los jóvenes que militan en la Cámpora, como quienes en general defendemos el proyecto de país que nos propusieron Néstor y Cristina, no necesitamos de “militancia rentada”. Solo nos guían las convicciones, el seguir ideas (como decía don Raúl Alfonsín) y por sobre todo la pasión por un proyecto que amamos y defendemos. Eso que los adherentes a Cambiemos jamás tendrán, porque no tienen proyecto para defender. A ellos los une el odio inculcado por los medios contra el proyecto político kirchnerista, y en particular contra la dirigente que lo llevó adelante. La marcha del 21A, que fue más “en contra de”, que “en apoyo a”, es una expresión cabal de ese odio revanchista que la derecha argentina históricamente siempre tuvo contra las expresiones populares. Lo vivió Yrigoyen, y también Perón.
En cambio hoy asistimos a un gobierno del Pro que pone a sus militantes en cargos que en muchos casos no tienen razón de ser, de largos nombres, que son inventos del gobierno para “acomodar” a gente de su confianza. O bien los colocan en cargos claves de oficinas públicas nacionales para trabajar de punteros políticos. Así que si de “militantes rentados” hablamos, el gobierno de Cambiemos del cual la UCR forma parte, es el verdadero campeón.
La Cámpora sufre la misma estigmatización que sufrió en los 80 la Junta Coordinadora Nacional de la UCR. Será que los jóvenes de los partidos populares que participan en la cosa pública, siempre molestan al poder. Los radicales deberían recordar eso. Pero no. Sus dirigentes prefieren repetir el mismo discurso de ataque que la derecha profiere contra La Cámpora en vez de defender a los militantes del campo popular, sean de esta agrupación o de cualquier otra. Ahora es el tiempo de un radicalismo “derechizado” que arrió sus banderas nacionales y populares que en sus orígenes levantaran Alem e Yrigoyen y que Alfonsín supo recuperar en los 70 y en los 80. Triste destino de un partido que contradice abiertamente a don Raúl cuando muy sabiamente expresó: “Si la sociedad se hubiese derechizado, lo que la UCR debe hacer en todo caso es prepararse para perder elecciones, pero nunca para hacerse conservadora". No te hicieron caso, Raúl, los radicales de hoy se hicieron conservadores.

Enrique Minervino.







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