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27-03-2014 - MIRADAS
24 de marzo: Rodolfo y Roberto entre los 30.000



Por Laura Arena.

Realicé mi Educación Secundaria en mi querida Escuela Nacional de Comercio de la Ciudad de Ameghino. En aquellos tiempos de la década del 70, Ameghino era poco más que un pueblo donde todos nos conocíamos.
Una escuela pequeña, en una sociedad donde la educación inclusiva aún no había llegado, íbamos a la “Escuela Comercial” los hijos de ciertas familias de clase media del pueblo.
Entre esos chicos y chicas, alumnos de Escuela Secundaria, estaban Rodolfo y Roberto.

Rodolfo, amigo desde el Jardín de Infantes, era un año mayor que yo. Con su cabello claro y lacio, una sensibilidad que conquistaba a quien lo conocía, una “pinta” que traía locas a muchas chicas y una inteligencia que lo hizo ser el abanderado de la Escuela.

Roberto, mi compañero de curso. De familia muy humilde, siempre con sus anteojos de mucho aumento, muy practicante de su religión evangelista, lector y estudioso, muy buen amigo de sus amigos.

En 1973 y 1974, era muy común que los estudiantes secundarios tomaran posturas ideológicas determinadas, otros no se involucraban, pero ninguno permanecía indiferente.
Finalizando 1974 terminamos la Secundaria y cada uno tomó caminos diferentes. A nuestro país llegó la dictadura y comenzó una época donde cada uno vivió como pudo, según sus circunstancias. Todo era silencio, jamás nos enterábamos, y mucho menos, los que vivíamos en el interior, de lo que ocurría con las personas que habíamos conocido, que apreciábamos, que recordábamos con una sonrisa.
Algunos comenzamos a tener algunas noticias de un terror que no veíamos y particularmente, y como muchos, comencé con la lectura de la revista quincenal Humor Registrado, desde la cual empecé a conocer la otra historia.
Hasta que llegó el momento en que supimos que Rodolfo y Roberto, integraban esa lista de 30.000 detenidos- desaparecidos que dejó ese nefasto Proceso. Muchos años después el cuerpo de Roberto volvió a Ameghino, donde descansan hoy sus restos, de Rodolfo, desaparecido mientras cumplía el Servicio Militar, nunca más se supo absolutamente nada.

Hoy tantos años después, continuamos preguntándonos por qué. Porqué murieron aquellos jóvenes que eran nuestros amigos? Que le pasó a este país que generó una política de desaparición de personas? Si hubieran cometido un delito, porque no se los juzgó? Que nos pasó como sociedad que no supimos ver, o que vimos y miramos para otro lado?

Todos los 24 de marzo se conmemora el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia. La posibilidad de poder recordar, conocer y evaluar el accionar de ese terrorismo de Estado, nos convoca a rever desde un pensamiento crítico, como se han recorrido estos 38 años construyendo un país nuevo que aún con dificultades ha decidido apostar precisamente por la verdad y la justicia. Un país donde nunca más los jóvenes desaparezcan. Este país en el que se robaron más de 500 niños, que poco a poco van recuperando su identidad, aunque aún faltan muchos por encontrar, pero donde no habrá que bajar los brazos para seguir buscándoles y otorgarles la identidad que les corresponda, en algunos casos , tal vez, a pesar de si mismos.

La memoria colectiva, la memoria social, es esta llama encendida que permanece y permite encontrarnos, después de tanto dolor, de tantas ausencias, desde una convicción mayoritaria que hace del NUNCA MÁS, una razón de Estado.
A pesar de algunas voces que minimizan este horror, que dicen “estábamos mejor con los militares”, a pesar de reconocidos intentos a volver a aplicar políticas liberales que nos remiten a aquellos tiempos, la historia está poniendo las cosas en su lugar. Los genocidas en la cárcel a partir de la derogación de las leyes de impunidad, que hoy son reconocidas en el mundo.
Las políticas de Estado sobre Derechos Humanos han permitido que más de 400 responsables directos del terrorismo de Estado: militares, policías, marinos, gendarmes, prefectos, sacerdotes, enfermeras, médicos, jueces, civiles apropiadores de menores, sean convocados a juicios orales y públicos en todo el país

Los Organismos de Derechos Humanos, las Madres, las Abuelas, acompañados por un componente social comprometido y que comprendió las profundas heridas sufridas por el accionar de bandas genocidas fueron gestando distintas etapas de lucha por la Vida, por la Memoria y la Justicia y en contra de la impunidad. No se busca nunca la venganza, se busca la justicia y que cada argentino pueda conocer y reconocer aquel dolor, aquellas muertes, aquellas ausencias. Desde las Escuelas, desde los lugares de trabajo, en los espacios públicos expresar el dolor y el recuerdo por estas ausencias se hace impostergable.

Comprender que “LOS DESAPARECIDOS NOS FALTAN A TODOS” desde una convicción de que un país no puede construirse con olvido y exclusión es un desafío para cada argentino.

Las banderas y los sueños de los 30.000 desaparecidos y los luchadores de hoy, aquellos que conservan la posibilidad de estremecerse ante el dolor del otro y construyen a diario, son los que estampan la posibilidad que un mundo mejor es posible.
Un mundo donde Rodolfo y Roberto hubieran podido cumplir sus sueños.

Desaparecidos.
Están en algún sitio / concertados
desconcertados / sordos
buscándose / buscándonos
bloqueados por los signos y las dudas
contemplando las verjas de las plazas
los timbres de las puertas / las viejas azoteas
ordenando sus sueños sus olvidos
quizá convalecientes de su muerte privada

nadie les ha explicado con certeza
si ya se fueron o si no
si son pancartas o temblores
sobrevivientes o responsos

ven pasar árboles y pájaros
e ignoran a qué sombra pertenecen

cuando empezaron a desaparecer
hace tres cinco siete ceremonias
a desaparecer como sin sangre
como sin rostro y sin motivo
vieron por la ventana de su ausencia
lo que quedaba atrás / ese andamiaje
de abrazos cielo y humo

cuando empezaron a desaparecer
como el oasis en los espejismos
a desaparecer sin últimas palabras
tenían en sus manos los trocitos
de cosas que querían

están en algún sitio / nube o tumba
están en algún sitio / estoy seguro
allá en el sur del alma

es posible que hayan extraviado la brújula
y hoy vaguen preguntando preguntando
dónde carajo queda el buen amor
porque vienen del odio.


Mario Benedetti.







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