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16-05-2019 - OPINIÓN
El “no delfín”



Por Enrique Minervino.


Nuestra sociedad utiliza el término delfín, no solamente para designar a una especie animal muy particular, sino para caracterizar a aquellas personas que son de máxima confianza para los líderes de un espacio político, de una empresa, de la Comisión Directiva de un club, etcétera. El líder que tiene un “delfín”, cuenta con alguien de confianza para delegar tareas importantes, designarlo en algún lugar clave de la estructura de poder o, eventualmente, para sucederlo en el cargo, en caso de que decida retirarse. En esta acepción del término, no se tiene en cuenta que los delfines son los animales más inteligentes del planeta, ni siquiera que su sistema de comunicación es de alto vuelo y tiene ciertas similitudes con la del ser humano.
La historia está plagada de “delfines” (a los humanos me refiero). Aunque no siempre los que aparecían como tales, se desempeñaron bajo la tutela del líder poderoso. En muchos casos dejaron de obedecer al titiritero que les manejaría los hilos. ¿Quién no recuerda a Eduardo Duhalde cuando buscaba su “delfín” para las elecciones de 2003, luego de haber dejado el cargo de Presidente tras aquella represión que le costó la vida a los manifestantes “Maxi” Kosteki y Darío Santillán? Los intentos fallidos con Reutemann primero y con De la Sota después, terminaron con la decisión del ex Presidente y líder en aquel momento del peronismo, de designar como su candidato (su delfín), al entonces casi desconocido Néstor Kirchner. Sabemos todos lo que ocurrió con Néstor durante su gobierno, cuando se deshizo de su “mandamás” y llevó adelante uno de los mejores gobiernos de la democracia surgida en 1983.
Ahora, algunos utilizan ese mote para adjudicárselo a Axel Kicillof. Leyendo algunos artículos, me enteré por estos días que el ex ministro de Economía es el “delfín” de Cristina, y que ella lo “mandaría” a ser el candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires. Tratar de “delfín” a un profesional de la talla de Axel Kicillof, más allá de que Cristina lo vea como uno de sus mejores cuadros políticos, es, cuanto menos, inapropiado y equivocado. Con esta caracterización, lo que se busca en realidad es minimizar la figura de quien ha sido capaz de ganarse un lugar muy importante por sus propios méritos, en el universo de los dirigentes políticos de nuestro país.
Axel fue ministro de Economía desde el 2013 al 2015 y, antes de eso, tuvo otros cargos en el mismo ministerio y en YPF. Pero es seguramente su recorrido académico lo que marca la diferencia entre este dirigente político y los demás. Axel es profesor (ahora con licencia, sin goce de sueldo) en varias cátedras de las facultades de Ciencias Económicas y de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires y docente de posgrado en otras instituciones prestigiosas, como el Instituto de Desarrollo Económico y Social y FLACSO. Fue profesor de la Maestría en Economía Política y tiene un Doctorado obtenido en la UBA, para el que presentó una tesis sobre la teoría keynesiana que le valió la calificación de 10 sobresaliente por parte del jurado. También es investigador adjunto del CONICET, donde desarrolló varias líneas de investigación sobre temas de economía.
No faltan los libros en su frondoso currículum. Justamente en estos días presentó su obra “Y ahora, ¿qué?” en la Feria del Libro, en un evento al que concurrieron más de 1.000 personas, que desbordaron el recinto asignado para su presentación. Este título se suma a otros anteriores, como “Diálogos sin corbata”, “Fundamentos de la teoría general” y “De Smith a Keynes”. También, Axel escribió libros de algebra y análisis matemático, en conjunción con otros autores.
Esto es parte de lo hecho por Axel Kicillof. Su trayectoria académica lo ubica en un lugar importante del pensamiento argentino. Y su actuación política, más allá de los cargos que ocupó, ya lo ha catapultado como uno de los proyectos más promisorios del escenario político actual. Su participación en los primeros planos de la política nacional, no hizo que se alejara de la militancia de base. Por el contrario, Kicillof ha recorrido y recorre todos los puntos del país y cada vez que visita alguna ciudad o realiza algún acto, multitudes se acercan a escucharlo y expresarle su adhesión.
Por todo esto, Axel tiene luz propia. No es delfín de nadie, ni siquiera de Cristina. La confianza que la ex Presidenta tiene en su persona, se deriva de su militancia y de su recorrido académico, que es brillante.
Cuando en 2016 empezó con la idea de dar charlas en plazas de distintas ciudades, miles de simpatizantes se reunían a escuchar con avidez sus palabras. A aquella primera de Parque Centenario, en CABA, en diciembre de 2015, se les agregaron al año siguiente las plazas de Córdoba, Rosario, Neuquén, La Plata, Gran Buenos Aires, Salta, Jujuy y Tucumán, entre otras. Eran las llamadas “plazas del pueblo”. Hace poco estuvo en Los Toldos y el año pasado se hizo presente en el “Salón de la Democracia” de la UNNOBA, en Junín, que fue desbordado por la los asistentes. En un acto lleno de entusiasmo y fervor militante, Axel cautivó con su charla a los más de 600 concurrentes que estuvimos allí. Esta idea de recorrer el país y de hacer las “plazas”, no fue de Cristina ni de nadie que lo mande. Es el fruto de su constante militancia.
Axel es un político con vuelo propio, un intelectual de primera línea como pocos en la Argentina. Y se transformó en el fenómeno político más fuerte de los últimos años. Porque hay un sector de la sociedad argentina que lo ve como un político cercano, como uno más de ellos y con la capacidad de representarlos en un momento de crisis dirigencial como la que atraviesa hoy la Argentina. Además, es el único caso de un ex ministro de Economía que puede caminar por la calle o ir a un acto político, sin que nadie lo insulte o le recrimine algo. Por el contrario, sólo recibe expresiones de afecto.
Llamarlo “delfín” para minimizar su figura, no sólo es desconocer su trayectoria, sino también su capacidad para construir su propia carrera política. Porque ni siquiera es “delfín” de Cristina Fernández, la máxima dirigente política y la más convocante de la actualidad. Quizás sea candidato a gobernador, o futuro ministro de Economía, no lo sabemos. Lo que sí sé es que, en un futuro muy cercano, Axel Kicillof estará destinado a ocupar un lugar preponderante en el escenario político nacional. De eso, no tengo dudas.









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